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Posts tagged ‘Vaz Ferreira’

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La rebelión de los Exámenes. Deber de cultura en los estudiantes. Carlos Vaz Ferreira.

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El deber de cultura en los estudiantes se oscurece y se complica, sobre todo, por la acción fatal, forzosa, que ejercen sobre la manera de estudiar, y sobre las mismas mentes juveniles, ciertos procedimientos de fiscalización de que el Estado, al organizar la enseñanza, no puede prescindir. More…

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Carlos Vaz Ferreira – Pedagogía Uruguaya.

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También se le ocurrió a Rousseau que hay en el niño edades absolutamente separadas, en cada una de las cuales han de cultivarse facultades diferentes: Así, hasta los doce años, sólo han de educarse en el niño los sentidos (además del ejercicio físico). De los doce a los quince años, se educará la inteligencia; y de los quince a los veinte el sentimiento. More…

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Vaz Ferreira – Conocimiento y acción.

Bueno, en esta oportunidad les dejo algunos fragmentos de la obra de  CARLOS VAZ FERREIRA. La obra se llama Conocimiento y Acción, como toda producción de Vaz son transcripciones de sus charlas como catedratico.

En este tramo que  de la paginas 100 a la 108  y comenta un libro de William James “La experiencia religiosa”.

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En cuanto a la obra, “La experiencia religiosa”, es uno de los libros más notables que se han escrito en los últimos años. Puede decirse que comprende dos partes: la primera es una psicología religiosa, quizá la más valiosa y rica que existe;  la segunda sería una apología de las religiones, notable por su amplitud de criterio, pero, a mi juicio, como procuraré después probarlo, viciada por confusiones, algunas de ellas muy graves, y creo, también por errores considerables.

Deseo, antes de hacer algunas lecturas, darles una muestra de la amplitud del criterio de James. Ellas les mostrarán de qué clase de pensador se trata; y les mostrarán mucho más, a saber: cómo el progreso del pensamiento humano tiende a hacernos diferentes y mejores, en el sentido de que cada vez se disuelven más los dogmatismos y cada vez los escritores se hacen más capaces de considerar las cuestiones desde puntos de vista diversos y de considerar con amplitud opiniones distintas de las propias.

En su obra, empieza James por condenar una tendencia que él llama “materialismo médico”, a saber: la tendencia a ir a buscar un origen patológico de ciertas creencias o manifestaciones espirituales, y a creer que el descubrimiento de ese origen patológicos les quita todo valor. Se trata, dice él, de una actitud que los médicos, sobre todo, al examinar desde su punto de vista ciertas cuestiones filosóficas o religiosas, han introducido en el pensamiento moderno. Explicar el altruismo de tal personaje, las satisfacciones de tal otro, la fe religiosa de éste, por el histerismo, por alucinaciones, por un estado patológico de un orden cualquiera….

Un médico, por ejemplo, descubre que Santa Teresa presentaba manifestaciones histéricas, e inmediatamente considera probado que cuanto Santa Teresa escribió o hizo no tiene valor alguno, por tratarse de simples manifestaciones patológicas. Otro descubrirá que Cristo era un alucinado, que padecía de manía ambulatoria o de neurastenia; e inmediatamente creerá que el valor del cristianismo ha desaparecido. Esta según nuestro escritor, es una tendencia absolutamente falsa. Los orígenes de un sentimiento o de una acción, sus causas, no dicen nada sobre su valor. El árbol no se juzga por sus raíces, sino por sus frutos, nos dice James, tomando del Evengelio una metáfora que es realmente pragmatista, y de la cual hace gran uso de su obra.

Después de haber procurado eliminar ese “materialismo médico”, James nos da variadas y riquísimas descripciones del estado de espíritu religioso. Y la interpretación que pone, viene a ser, en resumen, la siguiente: el yo subliminal, de los psicólogos, lo subconsciente, constituye, por decirlo así, nuestro órgano religioso. Las realidades supra-sensibles, lo divino, influyen sobre nosotros por medio de esa psicologia sub-conciente. Hay hombres que están como cerrados a la influencia religiosa, porque su yo subconsciente no está en comunicación con el yo consciente. En otros hombres, la comunicación existe, y la influencia de lo divino se hace sentir sobre el espíritu. En alguno en quien la comunicación no existía, puede establecerse, tal vez, de golpe;  siente, entonces, la influencia religiosa; y sería el caso de las conversiones bruscas.

Consecuentemente con esta aplicación, da un gran valor a las experiencias místicas (los estados de conciencia místicos), y dice que los que somos refractarios a esos estados y a la influencia de lo divino, debemos aceptar la descripción de esa clase de sentimientos en la misma situación de espíritu en que un ciego estudia la teoría de los colores.

Hay también en la obra un notabilísimo estudio sobre el optimismo y el pesimismo, que les recomiendo de una manera especial. En él, después de un examen profundo y sentido de la cuestión, llega a la conclusión de que el pesimismo tiende a englobar mayores elementos de realidad que el optimismo.

Pero lo que nos interesa sobre todo, en el libro, desde nuestro punto de vista especial, es el criterio que adopta para hacer la apología de las religiones: simplemente, la aplicación de la frase evangélica: “Juzgar el árbol por sus frutos”.

Pasa en revista las consecuencias de la religión; lo que la religión ha hecho por el hombre. En este examen, él cree probar que los efectos buenos son mayores que los efectos malos, y que si bien las religiones han tendido en tal o cual caso a fomentar la intolerancia o la estrechez de espíritu, en cambio, la cantidad de placer, de paz, de consuelo, de entusiasmo, de iluminación espiritual que han producido, las justifica ampliamente. Tiende, en su apreciación, a relegar al segundo plano – a veces más, a veces menos completamente – las consideraciones de orden puramente lógico. Admite, es cierto, el elemento racional; pero de una manera secundaria. Lo que esencialmente justifica las religiones, es la bondad de sus frutos, y éste es, justamente, un punto de vista pragmatista; pero pragmatista en el sentido práctico: no se trata aquí, ya, simplemente de una teoría de la verdad; se trata de una aplicación práctica de esa teoría, que lleva al autor a admitir creencias, partiendo, no, fundamentalmente, de su verdad o falsedad, sino de la bondad de sus consecuencias.

Comparada con la ciencia, la Religión, dice James, no le sería opuesta; sería, simplemente, otra cosa: da satisfacción a otra clase de aspiraciones y a otra clase de necesidades.  Si nosotros tuviéramos dos llaves, de las cuales una abriera ciertas puertas  y no otras, y la segunda abriera éstas y no aquéllas, no sería una razón para arrojar una de las dos, sino, al contrario, para guardarlas ambas. Tal es el caso de la Religión y la Ciencia. Hay necesidades espirituales que la Ciencia satisface, y no la Religión; hay otras necesidades que son satisfechas por la Religión y no por la Ciencia: guardemos ambas. Tal es la posición especial de James, en cuanto a esta cuestión tan interesante y honda de las relaciones de la Religión con la Ciencia.

James, por otra parte, explican que la suya  no es un alma religiosa; pero que, si bien él es personalmente inaccesible  a la influencia directa de lo divino, que los místicos afirman experimentar, adopta, sin embargo, con respecto a la religión, lo que él llama una “sobre-creencia”. La sobre-creencia de James, sería lo que él llama el “supra-naturalismo grosero”: supra-naturalismo, esto es; que, además de lo natural, existe algo no-natural (no-natural, en el sentido que nosotros damos al término “Naturaleza”), algo sobrenatural, que influye sobre el mundo. Recuerdo una comparación de que se vale: el caso de la reflexión total. Supongamos, dice, peces que nadan en el agua; la luz cae sobre ésta, y no penetra; los peces no pueden ver, pero pueden entrever; no pueden salir de su elemento: se acercarán, pero no pasarán de la superficie que separa el medio en que viven de otro medio es el que les suministra el elemento de su vida, es el que les da el oxígeno que respiran…, etc. Nosotros nos encontraríamos en una situación parecida con respecto al mundo de lo divino.

Pero, dice James, hay dos clases de supra-naturalismo; los que admiten la existencia de seres superiores, uno o varios, pueden adoptar dos posiciones distintas. Para unos, esos seres superiores no influyen sobre el mundo; para otros, intervienen en él. El primero sería el supra-naturalismo refinado; el segundo, el supra-naturalismo grosero: el que James adopta. Lo cual es una nueva aplicación del punto de vista pragmatista: ¿Que interés tendría para un pragmatista, la adopción de una creencia en seres superiores que no intervinieran eficazmente en la marcha del Universo? El supra-naturalismo que el mismo James llama “grasero”, esto es, la creencia en la intervención de lo divino, de seres sobrenaturales, en la marcha efectiva y práctica del Universo, es la creencia que puede satisfacer a un pragmatista.

Al hacer la crítica de este libro, yo lo trataré únicamente desde el punto de vista que nos interesa aquí, esto es, como aplicación del pragmatismo; pero no puedo dejar de recomendarles la lectura de obra tan notable. Hay sobre la religión tres libros que nadie debería no haber leído. La primera, tán superior, tán noble!: “La irreligión del porvenir”, de Guyau. La segunda, sería esta obra de James, indicada, justamente, porque tiende a defender el punto de vista opuesto (si bien en la práctica los dos autores suelen estar mucho más cerca de lo que cree uno de ellos). Y, finalmente, esta otra obra, ya antigua, pero tan valiosa por suministrarnos ejemplo de una actitud de espíritu abierta, amplia, en que las consideraciones intelectuales y las morales tienen igual cabida: me refiero  al libro póstumo de Stuart Mill: “Ensayos sobre las religiones”. Precisamente allí encontró James las sugestiones que le llevaron a adoptar ciertas doctrinas; y precisamente al espíritu de Stuart Mill dedica James su obra sobre el pragmatismo, expresando que de Mill ha aprendido la amplitud de espíritu, y que se complace en representárselo, si aún viviera, como el jefe de la nueva doctrina. Ya procuraré probar en mi crítica que, muy probablemente, en este punto, James se ha engañado.

Para los discípulos del pragmatismo, la nueva teoría está llamada a modificar profundamente el pensamiento moderno. Ella representaría, dice James, algo así como el advenimiento y el triunfo de los espíritus concretos, en la filosofía; ella vendría a desvanecer la tendencia intelectualista, la tendencia abstracta, sutil y refinada.

Algunos representantes de la extrema izquierda del sistema, van más lejos: preconizan las facilidades que – indudablemente – da, para pensar, una doctrina en que los elementos racionales pasan a segundo término.

Finalmente, según James, el pragmatismo podrá reconciliar a dos clases de espíritus que hasta ahora han sido filosóficamente irreconciliables: los espíritus tiernos y los espíritus fuertes o duros: (“the tender minded and the tough minded”). Por un lado, han existido en la filosofía (y la división responde a modalidades de espíritu de los hombres en general, sean o no filósofos) los tough mided; que tienden a determinarse principalmente por la observación de los hechos y a subordinarlo todo a los hechos. La razón es para ellos soberana; y su tendencia es destructiva de ilusiones y de esperanzas. Son, por ejemplo, ateos, materialistas, deterministas, pesimistas escépticos, empiristas, etc.

Por otro lado, encontramos otra clase de espíritus, tender minded, para los cuales la vida afectiva, la esperanza, el consuelo, son los factores que obran sobre la creencia y sobre la conducta; y éstos son religiosos idealistas, optimistas, libre arbitristas, etc. Pero unos y otros son incompletos. Los primeros, nos dan la experiencia y la ciencia, pero nos cierran toda esperanza; los segundos, nos dan lo que los primeros nos quitan, pero son incapaces de satisfacer las necesidades intelectuales o racionales. El pragmatismo, dice James, estaría destinado a dar satisfacción a aquellos que sintieran las dos necesidades.

En las lecciones siguientes voy a intentar, con las imperfecciones inevitables, la critica de esta filosofía.

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