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Posts tagged ‘Sociología’

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Pierre Bourdieu: el mundo de la política.

“El mundo político se cerró poco a poco sobre si mismo, sobres sus rivalidades internas, sus problemas y sus apuestas. More…

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La población de Uruguay en las próximas décadas.

playaNoticia publicada en la diaria, el día 04/set/2008, bajo el titulo “Escenarios posibles. Analizan posibles consecuencias de un laissez faire demográfico”

A continuación fragmentos de la noticia:

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Durante esa primera instancia se debatió en torno a un documento base del demógrafo uruguayo Juan José Calvo, denominado La población del Uruguay en las próximas décadas. Una visión, dos escenarios y diez preguntas para debatir.

¿Es necesario incentivar el crecimiento demográfico? ¿Debemos buscar reconstituir la estructura por edades de la población? ¿Hay que fomentar el regreso y vinculación de los uruguayos en el exterior? ¿Se debe promover el retorno al medio rural? Éstas son algunas de las interrogantes planteadas por el demógrafo.

(…)

“la emigración internacional se ha tornado, dolorosamente, una sangría permanente de personas, mayoritariamente de jóvenes con preciadísimos recursos (entre ellos, el espíritu emprendedor y la capacidad de enfrentar desafíos)”, dice.

Por otra parte, hace referencia a la “segunda transición demográfica” – anteriormente mencionada por Wanda Cabella -, que se caracteriza por más divorcios, menos nupcialidad y nacimientos en uniones legales, cambios en la formación de las parejas, diversificación de los arreglos familiares y la caída de la fecundidad por debajo del nivel de reemplazo. Explica que nada de eso es bueno o malo en sí mismo. “De hecho, muchos de estos cambios son expresiones agregadas de eventos demográficos que reflejan avances en el ejercicio de los derechos humanos”, dice y apunta que lo negativo surge cuando las políticas no son capaces de responder a esos cambios por falta de diagnóstico, de análisis, o por terquedad en negar el conocimiento existente sobre las transformaciones, o por falta de imaginación y osadía para plantear escenarios diferentes de los que resultarán si lo que predomina es el laissez faire demográfico.

Algunas cifras.

Del informe de Calvo se desprende que la pequeñez demográfica del país se acentuará en el futuro. Los uruguayos serán cada vez menos con relación a la población mundial.

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Postales demográficas

(…) Calvo plantea dos escenarios posibles: si Uruguay no modifica su matriz productiva y no implementa políticas de población, tendrá un crecimiento bajo, incluso negativo. La población se concentrará en la franja costera y la familia se modificará radicalmente.

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Un trabajo reciente firmado por Adela Pellegrino y Calvo establece: “El futuro está en construcción y es posible tener políticas de población activas. Los uruguayos no nos imaginamos como una nación poderosa por el número de habitantes, aunque podemos proponernos una sociedad equitativa, educada, creativa y con proyectos de futuro. Y, por qué no, una población diversa y cosmopolita, que sea capaz de asimilar de manera positiva la diversidad. Uno de los desafíos es la conversión del país pequeño en una virtud, subrayando la calidad en cada uno de los planos de la vida social”

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Émile DURKHEIM. Las reglas del método sociológico. Cap. V. Parte IV

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Extractos de texto, paginas 136 – 138. Cap. V Reglas acerca de la explicación de los hechos sociales, parte IV.

V

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Del grupo de reglas que acabamos de describir se desprende cierta concepción de la sociedad y la vida colectiva. En este punto dos teorías contrarias dividen las opiniones.

Para unos, como Hobbes, Rousseau, hay solución de continuidad entre el individuo y la sociedad. Por lo tanto, el hombre es naturalmente refractario a la vida común, y se resigna a ella por obligación. Los fines sociales no son simplemente el punto de confluencia de los fines individuales; más bien puede afirmarse que los contradicen. Así, para lograr que el individuo los persiga, es necesario hacerle coacción, y la obra social es por excelencia la institución y la organización de esta coacción. Pero como se ve en el individuo la sola y única realidad del reino humano, esta organización, cuyo objeto es molestarlo y reprimirlo, inevitablemente es un fenómeno artificial. No está basada en la naturaleza, pues su propósito es violentarla, impidiéndole que produzca consecuencias antisociales. Es una obra de arte, una máquina construida totalmente por la mano del hombre, y, que como todos los productos de este género es lo que es únicamente porque los hombres la quisieron así; fue creada por un decreto de la voluntad, y otro decreto puede transformarla. Aparentemente ni Hobbes ni Rousseau parecen haber advertido hasta qué punto es contradictoria la idea de que el individuo es precisamente el autor de una máquina que se propone esencialmente dominarlo e imponérsele; o por lo menos han creído que para lograr que desaparezca esa contradicción, bastaba disimularla a los ojos de sus víctimas mediante el hábil artificio del pacto social.

Los teóricos del derecho natural y los economistas, y más recientemente Spencer se inspiraron en la idea contraria. Para ellos la vida social es esencialmente espontánea, y la sociedad una cosa natural. Pero si le confieren ese carácter, no es porque le reconozcan una naturaleza específica, es que haya la base de la vida social en la naturaleza del individuo. A semejanza de los pensadores anteriores, no ven en la vida social un sistema de cosas que existe por sí mismo, en virtud de causas especiales; pero, mientras aquéllos la concebían simplemente como una disposición convencional que no está unida por ningún vinculo con la realidad y que, por así decirlo, se mantiene en el aire, éstos le asignan como base los instintos fundamentales del corazón humano. El hombre se inclina naturalmente a la vida política, doméstica y religiosa, al intercambio, etc., y de todas estas inclinaciones naturales deriva la organización social. Por consiguiente, donde quiera es normal, no necesita imponerse. Cuando recurre a la imposición, lo hace porque ya no es lo que debe ser, o porque las circunstancias son anormales. En principio, basta permitir el libre desarrollo de las fuerzas individuales para que se organicen socialmente.

No abrazamos ninguna de estas doctrinas.

Sin duda, afirmamos que la coacción es la característica de todo hecho social. Pero debemos señalar que esta imposición no es el resultado de una maquinaria más o menos sabia, destinada a disimular a los ojos de los hombres los lazos en que ellos mismos caen. Es simplemente resultado de que el individuo se encuentra en presencia de una fuerza que lo domina y ante la cual se inclina; pero esta fuerza tiene carácter natural. No deriva de una disposición convencional que la voluntad humana ha superpuesto del principio al fin a lo real; surge de las entrañas mismas de la realidad; es el producto necesario de causas dadas. Así, para lograr que el individuo se someta a ella de buen grado, no es necesario recurrir a ningún artificio; es suficiente que cobre conciencia de su estado de dependencia y de inferioridad naturales sea porque se forja mediante la religión una representación sensible y simbólica o porque logra elaborar por vía científica una ida adecuada y definida. Como la superioridad de la sociedad sobre él no es simplemente física, sino intelectual y moral, ella nada tiene que temer del libre examen con la única condición de que se lo practique acertadamente. La reflexión, al lograr que el hombre comprenda hasta qué punto el ser social es más rico, más complejo y más duradero que el ser individual, inevitablemente le revela las razones inteligibles de la subordinación que se exige de él, y de los sentimientos de adhesión y de respeto que el acto ha arraigado en su corazón.

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La reforma del pensamiento y la educación en el siglo XXI. Edgar Morin*

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El reto más importante para el conocimiento, la educación y el pensamiento es el conflicto entre los problemas globales, interdependientes y mundiales, por una parte, y nuestra forma de conocer cada vez más fragmentada, inconexa y compartimentada, por el otro. Este problema, que se identificó en el siglo XX, se volverá más agudo en el siglo XXI y se tendrá que resolver.

LA INCAPACIDAD DEL PENSAMIENTO ACTUAL PAR CONCEBIR EL MUNDO A LA VEZ GLOBALMENTE Y EN LAS PARTES QUE LO CONSTITUYEN.

En un momento tan lejano como el siglo XVII, Blaise Pascal señaló un camino a seguir: “… Creo que es imposible conocer las partes si no conozco el conjunto, e imposible conocer el conjunto si no conozco las partes individuales.” En otras palabras, ni el conocimiento fragmentado ni la percepción globalista y holística nos permiten comprender algo. El conocimiento tiene que ir y volver entre la escala global y la local, teniendo en cuenta el efecto retroactivo de lo global sobre lo particular. El pensamiento, por consiguiente, debe ser capaz tanto de situar lo que es especial, particular y local en un contexto, como de hacer que lo global sea específico, es decir, poniendo en relación lo que es global con lo que es parcial.

Sin embargo, cuando se trata de lo global y del contexto somos doblemente ciegos. Por una part, las actitudes etnocéntricas nos conducen a refugiarnos en las identidades individuales, nacionales o religiosas. Por otra, el pensamiento técnico y científico es una forma hiperespecializada de pensamiento a la que se le ha atrofiado la capacidad de comprender lo que es global. Desde luego yo comprendo que alguna gente no aspire a inventar una forma de pensar que pueda dar cuenta de la “complejidad insoportable del mundo actual”. Pero este modo de pensar nos sacaría de la ceguera y de la cortedad de miras que son características de nuestra actitud hacia el mundo.

Por ejemplo, estábamos acostumbrados a tener una ciencia humana extremadamente sofisticada llamada economía. Pero esta ciencia se ha mostrado incapaz de predecir los trastornos en el sistema económico, en concreto la crisis que ha glopeado el Sudeste asiático. La economía es tan hermética y cerrada sobre ella misma que ha descuidado las relaciones que solía mantener con el contexto social y humano. Incluso la Bolsa experimenta conductas irracionales como el pánico, un fenómeno que la economía es incapaz de explicar por ella misma.

POR UNA REFORMA DEL PENSAMIENTO Y LA EDUCACIÓN.

De este modo, la necesidad de una reforma del pensamiento me parece absolutamente clara. Y ésta es inseparable de la reforma de la educación. Hasta finales del siglo XVIII, las universidades europeas siguieron el modelo teológico medieval. La reforma que promovió Humboldt, y que se originó en Prusia, un país situado en un extremo de Europa, llevó al establecimiento de universidades divididas en departamentos que no se comunicaban entre sí. Éste es el tipo de universidad que necesita una reforma. Con este propósito en la cabeza, debemos recordar las cuatro metas fundamentales de la educación.

“Un cerebro bien formado más que un cerebro bien repleto” . El primer requisito lo expresó Montaigne en el siglo XVI. La educación no debería tender como meta la acumulación de conocimiento, sino que debería organizarlo alrededor de unas líneas estratégicas esenciales. El propósito no es reducir los fenómenos globales a sus partes elementales, sino más bien distinguir entre ellas y relacionarlas entre sí.

Los conceptos de sistemas y autoecoorganización hacen posible buscar las relaciones entre las partes y el conjunto y comprender lo que aparece, es decir, las nuevas cualidades que surgen de la entidad que se ha formado. Por ejemplo, la cultura aparece como la creación de la sociedad a partir de las relaciones entre las personas. Sin embargo, la cultura retroactúa sobre las personas que, de este modo, se desarrollan como individuos. El concepto de sistema nos proporciona, pues, una forma de organizar el conocimiento.

“Quiero enseñarle la condición humana” La segunda meta de la educación la formuló Jean – Jacques Rousseau en Émile. Esta necesidad humanista está asumiendo una importancia singular en nuestro mundo actual cuando la humanidad en su conjunto tiene un destino común sujeto a idénticos problemas de vida y muerte. En este marco, se puede restablecer la relación entre conocimiento científico y el conocimiento que poseen las humanidades.

Tomemos en consideración el amplio agrupamiento interdisciplinar que se originó desde la década de 1960 en adelante y que sustituyó a las disciplina estrictamente compartimentadas. Nos da el extenso perfil de una cosmología que, para poner un ejemplo, abarca el mundo físico en su conjunto sobre la base de las ciencias de la Tierra, tratando nuestro mundo como un sistema complejo. La ecología científica, por su parte, estudia la biosfera como una serie de interacciones entre los mundos vivo, físico y humano.

En otras palabras, estas nuevas disciplinas nos permiten situar la condición humana en el cosmos, tanto en el espacio como en el tiempo. Por ejemplo, nosotros estamos compuestos de átomos de carbón formados bajo un sol anterior a nosotros, y de moléculas y macromoléculas. Este hallazgo permite demostrar nuestra diferencia, en el hecho de que poseemos cultura, pensamiento y conciencia. Establece también nuestro lugar en el esquema cósmico de las cosas: nuestra Tierra ha dado a luz una vida que se divide en las ramificaciones animal, vegetal y microbiana, con el hombre que surge de los animales como una “subramificación de una ramificación”

La “aportación” de la ciencia a la cultura humana consiste entonces en situarnos en el cosmos. Las culturas tradicionales, además, vuelven a contar la necesaria historia de la nación y de su fundación, la hisotria del continente (Latinoamérica, Europa) y la historia del mundo, que va mucho más allá de la historia que empieza con Cristóbal Colón, Vasco de Gama y Magallanes. Las Américas están separadas del resto del mundo por un mero paréntisis histórico ya que América, poblada con oleadas de migrantes procedentes de Asia, es una diáspora de la humanidad. La historia universal empezó mucho antes de la separación de las Américas.

“Quiero enseñarte a vivir” . La literatura y la poesía también nos introducen a la condición humana, acabada con lugar y fecha. Ambas son útiles a la tercera meta de la educación formulada asimismo por Juan – Jacques Rousseau en Émile. Ciertamente el aprendizaje no tiene sólo que ver con el conocimiento, las técnicas y las formas de producción. Debe involucrar también a uno en las relaciones con los otros y consigo mismo.

La literatura, la poesía y este gran arte de nuestro siglo, el cine, son “escuelas de la vida”. Lejos de las ciencias puras despojadas de subjetividad, la literatura, la poesía y el cine nos muestran a la persona – al individuo que sufre, ama y odia – en el torbellino de las relaciones humanas. Los jóvenes aprenden a menudo, a través de la lectura de novelas, poemas y de obras de filosofos y ensayistas, a identificar sus propias verdades de las cuales no eran conscientes.

    • Edgar Morin es sociólogo, director emérito de investigación del CNRS, presidente de la Agencia Cultural Europea de la UNESCO y presidente de la Asociación para el Pensamiento Complejo. Entre sus obras publicadas están Science avec conscience ( 1990), The Nature of Nature (1992) y Homeland Earth: A Manifesto for the New Millenium (1998).

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La estructura social del Uruguay.

gente

“Desde la perspectiva de la población local, confirma las crecientes desigualdades sociales y tendencia de fragmentación a nivel de las ciudades y el territorio, donde por un lado ciertos sectores se modernizan con la introducción de nuevas tecnologías y pautas de consumo globales, y por otra parte, crecientemente, surgen estratos de población con necesidades básicas insatisfechas y posibilidades de movilidad socioeconómica extremadamente limitadas (…) dichos fenómenos indican que las distancias entre las clases sociales se profundizan y los encuentros entre sectores sociales distantes son cada vez menos frecuentes, y se pierden las características de sociedad integrada”.i

En el imaginario colectivo y también en los datos sociales, el Uruguay es considerado un país con una gran clase media y con unas clases bajas y altas pequeñas. Asimismo, nuestra sociedad se asocia a la del tipo tradicional de acuerdo con sus pautas culturales, en la relación entre los géneros, a su relativa seguridad, un sistema democrático altamente desarrollado del tipo inclusivo y principalmente, se la califica como una sociedad no muy dinámica.

Lamentablemente, desde la reapertura democrática, muchas de estas características han ido cambiando, en algunos aspectos negativamente y otros siguen siendo constantes traídas desde la historia como es el caso demográfico. La evolución de su población demuestra ser ya un caso estructural del Uruguay, al cual se le han añadido nuevas complejidades, en especial en el cambio reproductivo. Esto significa por un parte, que actualmente las personas de mayores ingresos reducen su natalidad y alargan su vida; mientras que ocurre el fenómeno opuesto en las personas de menores ingresos ya que aumentan la cantidad de hijos por mujer. Este dato es altamente significativo ya que en el país, la mitad de los niños pueden ubicarse bajo la línea de pobreza, a lo cual se suma un aumento cada vez mayor en la diferenciación por nivel socioeconómico. De esta forma, se ha conformado un círculo vicioso de exclusión y fragmentación social.

Dentro de este círculo vicioso se encuentra también el tema de la emigración, ya que los que se van son personas jóvenes de nivel socioeconómico medio o alto y formadas educativamente, lo que genera una importante pérdida de recursos humanos valiosos.

Asimismo, dentro de esta sociedad avejentada que expulsa jóvenes con “talento”, no encontramos con una enorme mayoría de éstos entre 20 a 30 años que no están estudiando ni trabajando, es decir, se han convertido en personas demandantes sin expectativas o desilusionados, que potencialmente pasan a ser materia prima generadora de futuros problemas estructurales de desigualdad social en el país.

Las dimensiones anteriormente explicitadas, probablemente están siendo facilitadas por el énfasis que se ha dado en la disolución de los hogares nucleares, que prevalece a diferencia de otras formas de convivencia en familia. Este efecto sostenido en el tiempo

genera a su vez otro problema: en el futuro, Uruguay no contará con población inactiva laboralmente, la cual sería la responsable de mantener los cuidados necesarios hacia las personas que así los necesitan. Esto se daría porque la mayoría de las mujeres que hoy siguen siendo las encargadas, en esta sociedad tradicional, de los roles de crianza de los hijos y realización de las tareas que dependen de la construcción de su género; están comenzando a ingresar al mercado de trabajo. Este hecho se da debido a una mayor independencia relativa y/o simplemente por necesidad económica, pero ciertamente deja un espacio sin contención que hasta ahora estaba resuelto.

Ahora bien, el Uruguay está sufriendo un nuevo proceso, probablemente impulsado por la fragmentación social que es el del cambio de los ámbitos territoriales. Se están perdiendo los espacios públicos comunes, debido a la generación de micro-sociedades cada vez más aisladas del resto y más homogéneas hacia la interna. Es decir, poblaciones con los mismos niveles de ingreso, educativos, culturales y sociales, habitan en el mismo territorio, compartiendo lugares comunes de interacción social. Como consecuencia de esto, se van generando menos ámbitos de interacción entre los integrantes de estas micro-sociedades.

También se está notando una ruptura de las típicas tres clases sociales, en especial se observa una gran diferenciación dentro de la gran clase media. Sus pautas sociales y de consumo logran asimilarse a las de la clase alta, mientras que la clase media-baja lucha fuertemente por diferenciarse de la llamada clase baja, lo que deja prácticamente un vacío inhabitado de la clase media propiamente dicha.

La movilidad social también se ha visto enlentecida, ya que las clases medias altas lograron resistir más eficazmente al empobrecimiento producto de las crisis económicas, lo que esto denota que todo el peso de las crisis repercutió sobre las clases medias bajas. Esto indica una falla por parte del Estado a la hora de aplicar políticas de equidad en la distribución del ingreso generado en el país.

Es suma, conviene atender lo que aparece como una evolución de la estructura social. La misma está pautada por un Uruguay que tiende a tener una población insertada en el mundo, con similares estándares de vida y niveles de desarrollo. Es decir, personas que lograr sacar provecho a la llamada globalización. Sin embargo, otra parte de la población se encuentra fuera del sistema y no logra insertarse, lo que agudiza un proceso de distanciamiento continuo entre las personas que conviven en un mismo territorio.

En cuanto al rol del Estado uruguayo parecería que está siendo incapaz de delinear un nuevo modelo de desarrollo que permita mantener una población más homogénea que la actual.

i Danilo, VEIGA, Ana Laura, RIVOIR. “Desigualdades sociales en Uruguay”. Pp.87.

EXAMEN DE SOCIOLOGIA DEL URUGUAY, LICENCIATURA EN CIENCIA POLÍTICA, AGOSTO 2009.

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Violencia y Criminalidad en Uruguay – Evolución

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El tema de la violencia y la criminalidad es multicausal. Se generan grandes dificultades a la hora de identificar qué es lo que genera violencia o criminalidad en el Uruguay de esta época, aunque es muy probable que estos fenómenos puedan ser asociados al curso civilizatorio de cada una al mismo tiempo que las etapas de cambio social que atraviesa el país.

Estos fenómenos son propios de la convivencia social entre seres humanos, por ello es imposible concebir una sociedad exenta de violencia y criminalidad. Por lo tanto, esto implica que siempre existieron y existirán este tipo de comportamientos, dependiendo las características de la sociedad y la época. será cómo éstos se expresen.

Con la culminación de la sociedad hiperintegrada y el comienzo de una nueva sociedad mucho más heterogénea como nunca antes había vivido el Uruguay, hemos asistido a un aumento acompasado de la violencia y el crimen.

En estos últimos lustros, el Uruguay no ha logrado solucionar los altos índices de pobreza, lo que generó un núcleo duro de población excluida. Sumado a esto, la típica construcción del grupo familiar se ha deteriorado en todos los niveles socioeconómicos lo que explica la inestabilidad familiar actual. Todo esto afectado también por los cambios demográficos que genera una sociedad avejentada y una dualidad en las pautas reproductivas de los jóvenes. En este sentido, mientras mejor posición socioeconómica, menor es la cantidad de hijos, mayor dependencia con la generación anterior y mayor nivel educativo y estabilidad laboral. En cambio, las personas de nivel socioeconómico bajo se caracterizan por el contrario: mayor cantidad de hijos, temprana independencia familiar, dificultades de acceso al mercado laboral y deserción del sistema educativo. Asimismo, existe una diferenciación cultural y territorial cada vez más grande, es decir se identifican claramente los barrios por características anteriormente señaladas. Esto contribuye a la concentración de la población entre iguales lo cual impide que compartan otros hábitos y pautas de comportamiento válidas.

En conclusión, se están generando dos sociedades dentro de una, separadas territorialmente, con una necesidad, cada vez menor, de interactuar en espacios comunes.

Por otra parte, el estado uruguayo no está logrando revertir el funcionamiento del sistema e incluso en algunos casos funciona en beneficio del mismo, estigmatizando y encasillando a la población. Todo esto se suma a la nueva etapa global que es demandante de éxitos materiales, haciendo muy difícil de superar los fracasos por el bombardeo de las pautas de consumo características de este sistema capitalista-consumista. Como consecuencia se crean fuertes estereotipos sobre la felicidad y cómo obtenerla, y por el opuesto, se define el fracaso. Los aspectos antes mencionados se

conjugan para influir al mismo tiempo en la relevancia que ha adquirido hoy día el tema de la violencia y criminalidad en la sociedad.

Percepción y Realidad

Como lo expresa José Luis Pimentel, coordinador de AECID en Uruguay: “Uno de los conceptos que puso sobre la mesa, y que fue retomado por otros expositores, es que la inseguridad subjetiva es tan significativa como el delito mismo, ya que contamina contextos de convivencia y genera desconfianza ciudadana.”

Siguiendo a lo anteriormente expresado, hoy en día entra en juego esta nueva variable. La misma se relaciona con la construcción social que hace la sociedad sobre qué tan segura o violenta es; en otras palabras, no importan los hechos sino la construcción social de lo que se siente.

El tema de la inseguridad en la sociedad uruguaya ha ido ocupando cada vez más notoriedad en el interés general, llegando al punto de observarse que para estas elecciones haya pasado a ser el tema prioritario a tratar.

Ahora bien, el estado uruguayo ha hecho esfuerzos –principalmente en el actual gobierno- para intentar luchar contra esta sensación, siendo un acto relevante la creación de un Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad que funciona en la órbita del Ministerio del Interior. Por tanto, se busca dar herramientas reales a la hora de discutir, se intenta hacer un contrapeso entre lo que la sociedad siente con respecto a los datos relevados objetivamente.

Me interesa señalar algunos datos del Estudio “Cuatro preguntas de importancia crítica acerca del problema de la criminalidad en Uruguay” del Soc. Donnangelo con datos al año 2005, para observar cuantitativamente el panorama de la violencia en el Uruguay. En primer lugar, lo más importante a resaltar es que “tres cuartas partes de los hechos delictivos que acontecen en el país, caen fuera del dominio de las conductas que suscitan mayor alarma pública”. En el mismo sentido se señala que: “La magnitud de la violencia letal en Uruguay es de las más bajas del continente”, pasando por el tamiz que es uno de los continentes más violentos del mundo. Otro dato significativo es el aumento de las tasas de procesamiento de las mujeres, que el Estudio logra hipotetizar que estaría dado por “el incremento en la tasa de homicidios perpetrados por una proceso de agravamiento de los conflictos domésticos y de violencia familiar”. Cabe entonces reflexionar que existe un aumento en la violencia interpersonal debido a motivos de convivencia.

En suma, “la masa de la actividad delictiva en Uruguay está formada por delitos contra la propiedad que no involucran violencia…” Estos tipos de delitos se encuentran en una tendencia ascendente durante los últimos veinte años. Ahora bien este aumento en los delitos no violentos podría estar correlacionado con un posible aumento de otras formas y clases de violencia más extremas, por lo cual es posible afirmar que si no se revierte esta situación, los hechos de esta naturaleza se incrementarán.

RESPUESTA A PREGUNTA DE EXAMEN DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES – LICENCIATURA EN CIENCIA POLÍTICA – MATERIA SOCIOLOGÍA DEL URUGUAY. 2009

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La visión mediática. Patrick Champagne

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A continuación fragmentos de texto de “La visión mediática” de Patrick CHAMPAGNE. Este texto se encuentra en la obra “La miseria del mundo”, libro dirigido por Pierre BOURDIEU. Paginas 51 a 63.

Los malestares sociales sólo tienen existencia visible cuando los medios hablan de ellos, es decir, cuando los periodistas los reconocen como tales. Ahora bien, no se reducen a los meros malestares mediáticamente constituidos ni, sobre todo, a la imagen que los medios dan de ellos cuando los perciben. No hay duda de que los periodistas no inventan en su totalidad los problemas que se hablan; incluso pueden llegar a pensar, no sin razón, que contribuyen a hacerlos conocer y a incorporarlos, como suele decirse, al “debate público”. Lo cierto es que sería ingenuo quedarse en esa constatación. No todos los malestares son igualmente “mediáticos”, y los que lo son sufren inevitablemente una cierta cantidad de deformaciones desde el momento en que los medios los abordan, puesto que, lejos de limitarse a registrarlos, el campo periodístico los somete a un verdadero trabajo de construcción que depende en muy amplia medida de los intereses propios de ese sector de actividad.

Casi podría decirse que la enumeración de los “malestares” que surgen con el paso de las semanas en la prensa es sobre todo la lista de los que podrían llamarse “malestares para periodistas”, vale decir, aquellos cuya representación pública se fabricó explícitamente para interesar a los periodistas, o los que por sí solos atraen a éstos porque son “fuera de lo común”, dramáticos o conmovedores y por esa razón comercialmente rentables, por lo tanto conformes a la definición social del acontecimiento digno de aparecer “en primera plana”. La manera en que los medios escogen y abordan esos malestares, en definitiva, dice al menos tanto sobre el medio periodístico y su modo de trabajo como sobre los grupos sociales en cuestión.

La fabricación del “acontecimiento”

Aunque no sea nuestro objetivo aquí, habría que analizar la diversidad de puntos de vista periodísticos sobre los acontecimientos, que remite a la diversidad de formas de periodismo. Lo cierto es que los periodistas, sea cual fuere el tipo de medio en que trabajan, se leen, se escuchan y se observan mucho entre sí. La “revista de prensa” es para ellos una necesidad profesional: les indica los temas que deben tratar porque “los otros” hablan de ellos, puede darles ideas de notas o les permite, al menos, situarse y definir ángulos originales para distinguirse de los competidores. Por otra parte, no todas las visiones periodísticas tienen el mismo peso dentro de la profesión y particularmente afuera, en el proceso de constitución de las representaciones sociales. (…)

Ahora bien, los medios actúan en un principio y fabrican colectivamente una representacion social que, aun cuando esté bastante alejada de la realidad, perdura pese a los desmentidos o las rectificaciones posteriores porque, con mucha frecuencia, no hace más que fortalecer las interpretaciones espontáneas y por lo tanto moviliza en primer lugar los prejuicios y tiende, con ello, a redoblarlos. (…)

(…)

Un falso objeto

En definitiva, lo que se denomina “acontecimiento” nunca es más que el resultado de la movilización – que puede ser espontánea o provocada- de los medios alrededor de algo que, durante cierto tiempo, éstos convienen en considerar como tal. (…)

(…)

Algunos remedios “mediático-políticos”

Lo cierto es que en lo sucesivo los medios son parte integrante de la realidad o, si se prefiere, producen efectos de realidad al fabricar una visión mediática de aquélla que contribuye a crear la realidad que pretende describir. En particular, las desdichas y reivindicaciones deben expresarse de aquí en más mediáticamente si quieren tener una existencia públicamente reconocida y que el poder político, de una manera, las “tome en cuenta”. La lógica de las relaciones que se instauraron entre los actores políticos, los periodistas y los especialistas de la “opinión pública” llegó a tal punto que políticamente, es muy difícil actuar al margen de los medios o, a fortiori, contra ellos. Es por eso que la prensa nunca dejó indiferente al poder político, que trata de controlar lo que se denomina “la actualidad”, cuando no contribuye, con la ayuda de sus agregados de prensa, a fabricarla por sí mismo. A los dirigentes políticos no les gusta ser sorprendidos e incluso superados por los acontecimientos y procuran evitar que otros, en la urgencia y bajo presión, les impongan la definición y el tratamiento de los problemas sociales a la orden del día. En síntesis, quieren seguir siendo los dueños de la agenda y temen particularmente los acontecimientos que surgen de manera imprevisible (…), y se ubican en el primer plano de la actualidad política porque la prensa escrita y los noticiarios televisivos se apoderan de ellos.

(…)

(…) Todo sucede como si los periodistas quisieran probarse a sí mismos su autonomía profesional en relación con el poder, tratando de ponerlo en aprietos, mientras que los políticos, por su lado, se esfuerzan por controlar los medios como pueden (hoy, sólo indirectamente). En otros términos, la lucha se localiza principalmente en el terreno mediático y tiende a permanecer en él…

(…)