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Posts tagged ‘impuestos’

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El pensamiento liberal de Batlle y Ordoñez

la fotoPor Lorenzo Vicens Thievent,

Batlle no practicó su política económica ajustándose a fórmulas. Se atuvo, en toda su actividad, al valor práctico de las ideas. No fue un devoto de escuelas y sistemas. No se preocupó tampoco, de que sus propósitos contrariaran o no opiniones generalmente admitidas como exactas y mucho menos frases hechas que se repiten indefinidamente sin pensar y medir su contenido conceptual. More…

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¡El trabajo libre de impuestos! EL DIA – Octubre 20 de 1946 –

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Del Programa del Partido:

75. – La supresión paulatina de los impuestos al trabajo nacional ya existentes y el rechazo de los nuevos que se quieran crear, exceptuados los que graven la exportación en materias primas cuándo se extraigan del país con escasez o ningún beneficio para él, como ocurre en la exportación de arena.

El Batllismo persigue la exoneración de toda carga impositiva al trabajo nacional. Recién gravaría al propietario en el momento de la liquidación última de sus negocios, vale decir, en el momento de su muerte. De esta forma, el estado no vendría a perturbar la actividad y el desarrollo industriales; sólo haría presente se acción al llegar el instante en que personas que casi no han contribuido con su trabajo a la formación de un bien dado, entrarían a beneficiarse de él.

(…)

Batlle habló largamente sobre este tema. Damos sólo algunos párrafos de sus magistrales discursos:

“Por lo pronto, yo propongo que el trabajo sea exonerado de impuestos. El trabajo es siempre beneficioso para la sociedad.

Si extendemos la vista a la superficie de la tierra, veremos que la naturaleza da el aire, la luz, el agua y algunos frutos, pero que todo lo que representa bienestar para el hombre, las ciudades, los puertos los canales, los caminos, los puentes, los telégrafos, los ferrocarriles todo lo que constituye la civilización, es la obra del trabajo. Los mismos dones de la naturaleza no se obtienen sin trabajo, porque es preciso, casi siempre necesario, extraerlos de donde se encuentran, transportarlos al alcance del consumidor, y todo eso es un trabajo.

Así, pues, aunque se exonere de impuesto al trabajo, éste pagará esa generosidad con creces, porque su obra será siempre grande y siempre pasará de una generación a otra y acabará por constituir la verdadera riqueza social, la base del bienestar del hombre, su adelanto y de su cultura.”

(…)

Yo no he propuesto, pues, un impuesto durante la vida del que trabaja, porque pienso que debe estimularse su actividad; pero sí propongo que cuando el trabajador cese de existir, la sociedad se apropie de una parte considerable de lo que deje. Esto es lo fundamental de lo que he manifestado respecto al impuesto al trabajo” (En la convención, agosto de 1925)

(…)

“Un hombre que ha trabajado y que puede vivir cómoda, lujosamente, cuando su negocio, su trabajo, le da el resultado que él esperaba, es un estímulo para la actividad de los demás. Lo que guía a un hombre a destinar su tiempo a una actividad productora, es el empeño de satisfacer sus necesidades, de realizar sus aspiraciones, de ayudar a las personas a quienes profesa simpatía y considera dignas de su simpatía, y si la sociedad o el Estado, que es lo mismo en este caso, no se preocupasen sino de saber quién se da alguna satisfacción para hacer llegar hasta él el impuesto, la fuerza que mueve al trabajador se vería probablemente muy disminuida.

Ese impuesto a lo superfluo, gravaría probablemente lo necesario, es decir, aquello en que la sociedad está vivamente interesada, que es la actividad industrial” (En la convención)

(…)

“Se habla del impuesto a la renta. Y se dice que es justo que los que trabajan y ganan contribuyan con una parte del producto de su trabajo al sostenimiento de la sociedad dentro de la cual prosperan.

Es justo, es verdad. Pero, ¿se sabe en cuánto puede perturbar el impuesto al que trabaja? ¿Pueden calcularse las iniciativas útiles a que cerrará el paso? … Los representantes de nuestra agrupación en el Cuerpo Legislativo, creen que no se debe ponerse trabas al trabajo.

El impuesto deberá cobrarse, sin embargo. El trabajador próspero lo debe a la sociedad, que hace posible su fortuna. Deberá cobrarse en la hora de la liquidación final de sus negocios, cuando ya no pueda continuarlos, en la hora que suena para todos, de la muerte.

Nuestra agrupación considera que el impuesto a la renta debe ser sustituido por el impuesto a la herencia, con grandes consideraciones para las herencias más modestas”.

Y en otra ocasión añadía Batlle:

“El impuesto a la renta que parece no pesar más sobre los que están en las mayores alturas en la dirección de las empresas, desciende hasta los más necesitados y los reduce a la miseria” – (En la convención, agosto de 1925)