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Posts tagged ‘Batlle y Ordoñez’

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DEMOCRACIA REPRESENTATIVA Y DEMOCRACIA DIRECTA (REFERÉNDUM Y PLEBISCITO). El debate uruguayo y el primer batllismo.

IMG_0002 2EL BATLLISMO QUIERE QUE EL PUEBLO DISPONGA. “el plebiscito no es la negación del sistema representativo; es la pieza que le falta”

 (…)

            No diremos nosotros que los pueblos no se equivoquen; pero, sí, aseguramos que si hay quienes tengan derecho a equivocarse sobre lo que les concierne, son ellos mismos. También afirmamos que las multitudes, cuando pueden deliberar y expresar de una manera adecuada su voluntad se equivocan menos que los individuos. El pensamiento común no se forma sino por el choque de todos los pensamientos y hay en él, por tanto, necesariamente, una gran base de reflexión. Voz del pueblo, voz de Dios. More…

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El pensamiento liberal de Batlle y Ordoñez

la fotoPor Lorenzo Vicens Thievent,

Batlle no practicó su política económica ajustándose a fórmulas. Se atuvo, en toda su actividad, al valor práctico de las ideas. No fue un devoto de escuelas y sistemas. No se preocupó tampoco, de que sus propósitos contrariaran o no opiniones generalmente admitidas como exactas y mucho menos frases hechas que se repiten indefinidamente sin pensar y medir su contenido conceptual. More…

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Precisiones sobre el colegialismo

En el Colegiado todos sus miembros tienen el mismo origen: la elección popular y las mismas atribuciones y jerarquía, es una reunión de pares. En la Presidencia con Consejo de Ministros hay un solo titular, el Presidente ungido por la mayoría ciudadana en elección nacional y por ende elevado muy por encima de sus Secretarios de Estado, dado que es él quien los designa y en último término los elimina, en caso de desacuerdo. More…

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El Colegiado en Uruguay – Opinión de Batlle, Arena y Frugoni.

“Nunca en mis ojos de republicano convencido y ansioso de libertad se ofreció el espectáculo de un pueblo dueño de si mismo, elaborador de su propio bien, custodio de sus riquezas morales y materiales.

Los más grandes y abnegados esfuerzos, obligados a ajustarse en su finalidad al régimen de nuestra Constitución jamás llegaron más que a un mismo e invariable resultado: el entronizamiento de una voluntad individual, buena o mala, cuyos dictados todas las otras voluntades se vieron constreñidas a someterse”

No es ese el problema de examen razonado, de discusión ilustrada, de esfuerzo común y armónico, de realizaciones levantadas y triunfales, que ha de cumplir una república. Si un hombre debe ser dueño de su destino ¡cuánto más dueño del suyo propio debe ser un pueblo entero! Las más terribles desgracias de la Humanidad se debieron siempre al despotismo individual. Nuestros más crueles infortunios tuvieron también el mismo origen. La felicidad pública sólo florece y se perpetúa donde cada ciudadano es un ser consciente y libre, elemento efectivo de la soberanía y factor, por lo tanto, del destino de su nación”

JOSE BATLLE Y ORDOÑEZ More…

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LA OBRA EDUACIONAL DE BATLLE. Antonio M. Grompone.

Partido colorado
Partido colorado

Este texto se encuentra en el libro BATLLE, SU VIDA, SU OBRA, editado por ACCION, S.A.

En capitulo IX se encuentra la obra seleccionada, de Grompone quien fuera Abogado. Profesor de Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho – Director del Instituto de Profesores “Artigas”.

(…)

 Dos ideas deben orientar toda apreciación de Batlle, muy especialmente cuando se trata de considerar su acción en la obra educacional realizada durante su gobierno o bajo su influencia. Esas dos ideas tienen relación con el pensamiento de Batlle y con su gestión como gobernante.

 (…)

 En la primera presidencia de Batlle, ante un nuevo pedido de la Universidad, se afectan terrenos para la edificación y se construyen los actuales edificios universitarios. Una obra de esa envergadura no se había realizado ni volvió a realizarse en el país.

 (…)

 Aunque le interesaban los problemas especulativos, fue un gobernante a partir del momento en que ocupó la presidencia de la República y desarrolló extraordinarias condiciones como tal, en la preocupación por la eficacia de la acción estatal y en la elección de hombres para realizar la función pública.

 (…)

 Iniciativas como la creación de los Liceos departamentales surgen de la Universidad, se aceptan con un determinado Ministro en la primera Presidencia; permanecen sin realizar durante varios años y con otro Ministro y en su segunda Presidencia, se le da ejecución por vía Legislativa, originando la más profunda revolución de nuestra enseñanza media. Saber elegir a los hombres y saber aceptar las ideas ajenas sin temor, porque eran firmes las propias y porque se armonizaban con la modalidad de su pensamiento, y continuar con ellos hasta que se realizaran es el segundo rasgo dominante.

 (…)

 Se destaca así una condición profunda en el arte de gobernar que consiste en no buscar, ni desear, ni juzgar las iniciativas por la originalidad, porque las transformaciones más radicales surgen a menudo de las ideas más simples, especialmente en materia educacional, en donde Batlle ha marcado claramente la culminación de una pedagogía de estado.

 (…)

 El decreto de 22 de noviembre de 1906 disponía la creación en campaña de escuelas de estudios secundarios que se denominarán Liceos y que tendrían por objeto provocar la observación y disciplinar a criterio por medio de una enseñanza general que prepare para el cumplimiento de los deberes de la vida y favorezca el desarrollo y aplicación de las aptitudes individuales, en las diversas manifestaciones de la actividad económica. Para ello se establecía el ingreso a los doce años siempre que se hubiera terminado el tercer año de las escuelas primarias rurales o el quinto de las urbanas, con estudios que duraran cuatro años y en los cuales a las asignaturas del bachillerato se agregaban nociones de Economía política, Industrias y Cálculo Mercantil.

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 Como en el caso de los institutos y en el caso de los liceos, el proyecto originario tiene éxito variable y el fracaso de algunos técnicos extranjeros se presenta junto al buen resultado de otros. No existió lo que en estos tiempos se ha dado en llamar planes a término, quinquenales o de otra duración, pero sí una orientación definida de gobernante de estar con su tiempo, a tono con el progreso científico, afirmando la necesidad de las actividades técnicas impulsadas por el Estado, dando las bases de una organización de la enseñanza o investigación superior.

 (…)

 Lo mas importante no se encuentra en lo que aparece realizado y expuesto en decretos, leyes o en instituciones creadas sino en la atención que se prestó al progreso intelectual y científico del país en el sentido de lo educacional, en la seria preocupación que no aparecía sólo en la esfera oficial porque se encontraba estimulada en el medio, surgiendo protegida por el interés oficial. Ese efecto de la acción gubernamental que no aspira a ser la única rectora de la conciencia y la actividad nacional, pero que se constituye en elemento de incitación, de iniciativa y de pensamiento colectivo, es lo que constituye lo típico del gobierno de Batlle.

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La revolución del Quebracho

Densa noche. Cada hombre en su compañía. Cada compañía en su Batallón. En las barrancas cercanas al Puerto esperan los lanchones. Dada la voz de marcha parten las bisoñas tropas rumbo a su destino. A paso redoblado, el equipo a la espalda, el fusil al brazo, tranquilos, silenciosos. Atrás queda ya el viejo caserón de don Bernardo. Las rondas miran a esta tropa que avanza y no la detienen. Y la tropa avanza resueltamente. El ritmo de su paso tiene un ronco resonar como los tambores que estremecieran la noche. Las columnas procuran por turno los barrancos del rio por el camino de la Recoba. Que es donde los chisperos de Mayo encendieron la zarza de la Emancipación.

La Recoba. El Barranco. El Río. El Lanchón. A vela y remo como en 1825. A vela y remo como en 1806. A vela y remo como en el 75. En el lanchón del 25 iba Lavalleja. En el de 1806, venia Artigas. En el 75 los de la Tricolor. En este, de mediados de mayo de 1886 hay otra vez orientales, blancos y colorados, militares y civiles, universitarios y periodistas, artesanos y obreros. En él está Batlle.

Cuatro días de navegación. Ahora, a cruzar Entre Ríos. A pié, a caballo, bajo un sol de fuego, sobre la misma tierra por donde pasó el fragor de las viejas epopeyas. A pasar el Uruguay y buscar la incorporación con las tropas del general Arredondo que vienen desde el Norte.

El 25 de marzo se produce la invasión. El país en pié de guerra. Montevideo en estado de sitio.

Pero los 31 de marzo han sido, entre los días aciagos, fechas de derrota y aniquilamiento para la República.

En aquel 1886, un movimiento envolvente de la caballería santista, apoyada por la artillería, y secundada por una carga de rifleros, decidió la acción. Este día, en el campo revolucionario, la mortandad fue desesperante. Y ya exhausta, hambrienta, sin municiones, y tras breve acuerdo de los jefes, la fuerza revolucionaria resolvió rendirse. Pero ni pidió condiciones ni las dijo. Que Santos hiciese lo que quisiera. Tenía ahora totalmente librada a su voluntad de vencedor, la más estupenda expresión de la juventud uruguaya.

Los prisioneros fueron conducidos a Montevideo. La jornada fue penosa y por momentos brutal. Pero ninguno de aquellos prisioneros ofreció treguas en el combate. Ni las esperaba en la derrota que no significaba sino los caminos del recomenzar.

Y así terminó en los hechos la Revolución del Quebracho. Vencida por las armas, venció por las ideas: se había hecho conciencia. Y Batlle se entregó desde ese instante a preparar la nueva Revolución libertadora.

Muchos años después, y ya siendo presidente de la República, paso Batlle en gira triunfal por aquel mismo campo de la epopeya. Vio la llanura, vio el rió, vio el Palmar desde el convoy del ferrocarril que lo llevaba al Salto a predicar su doctrina. Los vio, con sus ojos que parecían mirar desde más allá de los tiempos.

Y regresó a su silencio, como si evocara a los muertos de la jornada inolvidable.

BATLLE Y ORDÓÑEZ. EL REFORMADOR. E. RODRIGUEZ FABREGAT.

FOTO Oldemar Chacón.

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El incidente en la calle – José Batlle y Muelas.

Montevideo, 9 de Octubre de 1886.

Un perseguido de Santos, El Sr. Batlle y Ordoñez. (“El Diario” de Buenos Aires)

El incidente en la calle.

(…)

Al interrogarlo sobre su encuentro con el sargento mayor Octavio Muelas nos dijo:

– Es poco mas ó ménos como lo ha referido la prensa. Caminaba yo por la calle Sarandí en las primeras horas de la noche, acompañado por mi amigo y compañero de redacción, Mateo Magariños Veira. Ibamos hacia la plaza Independencia, y al llegar a los arcos del Hotel Español, vi a dos individuos parados en el cordón de la vereda, que conversaban y nos miraban con insistencia. A pocos pasos de ellos, me dijo Magariños: “Ese es Muelas”, al mismo tiempo que señalaba a uno de los dos.

Debo advertirle que yo no conocia, ni a Muelas ni a ninguno de los individuos que habian publicado el remitido amenazándome. Tampoco me conocian ellos; y asi oimos, -que casi al mismo tiempo que Magariños me hacia aquella indicacion, el que acompañaba a Muelas, decia a este: “Ese es Batlle”. Muelas atraveso entonces la calle, hacia la Sombrereria de Paris, se paró en la acera de en frente y habló con otro individuo. Poco despues caminó hacia la plaza, en la misma direccion que habiamos tomado nosotros. Yo crei entonces que venia a provocarme, y sacando y amartillando el revólver me fui sobre él dispuesto a hacerle fuego, y en la creencia, como digo, de que venia a atacarme.

Me causó sorpresa el ver que no hicieran ademan ninguno de defensa: me detuvo a pocos de él, siempre con el revólver preparado; pero Muelas siguió caminando aunque sin asumir la actitud que yo esperaba. Pasó por mi lado rozándome la ropa, y oi que me decia en tono confidencial, como si se tratara de un amigo que en un instante de apuro da un consejo a otro: “siga, siga: no sea tonto, no me comprometa!”. Confieso que estas palabras, misteriorsas e incomprensibles para mí, en aquel momento, me desarmaron, dejándome en una actitud indecisa.

Cuando volví el rosto, ya Muelas se enontraba a algunos metros de distancia y seguia caminando como si no me hubiera visto. Guardé el revólver, me acerqué a Magariños, – quien habia intentado impedir allí todo lance- y no pude reprimir algun comentario sobre el estraño proceder de aquel adversario oficioso, que despues de insultarme por la prensa, intentba aconsejarme amistosamente en la calle.

–  Y a que atribuye esa conducta ?

– Esto, y algo mas que he sabido después, me confirma en lo que creí desde el principio: aquel hombre, así como sus compañeros Arellano y Ortiz, habían recibido orden de cometer un crimen, y aunque no podían rechazarla, porque venia de muy alto, tendrían también ciertos escrúpulos por cumplirla.