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El pago semanal – Julio César Grauert editorial de su diario Avanzar.

FullSizeRenderTodos los trabajadores, desde el jornalero que por unos reales realiza un esfuerzo muscular ininterrumpido, hasta los empleados de la industria y el comercio, expoliados por sueldos de veinte y treinta pesos, se ven obligados por fatales cláusulas del contrato de trabajo, sea verbal o escrito, a hacer un “préstamo” a su patrono por un término variable que oscila entre quince y treinta días.

Es probable que sorprenda esta afirmación a quien no haya realizado más que una observación superficial sobre el contrato corriente de trabajo.

Sin embargo, todo obrero o empleado hace un préstamo, fía o adelanta a quien explota su trabajo y se enriquece rápidamente pagando como dos cuando el obrero o empleado produce como diez.

En efecto: el obrero o empleado que consigue trabajo en un taller o en un comercio, comienza a dar su esfuerzo desde el primer día del contrato. Aún cuando por efecto de su prolongada desocupación anterior esté muriéndose de hambre el día que consigue trabajo, ningún patrono se siente obligado a pagarle el jornal ganado al fin del primer día de labor.

Hasta se da el caso de que, aun cuando el obrero o empleado haya trabajado diez días, si pide una mínima parte de su salario, se le niega como un abuso, o apenas se le concede como un generoso, adelanto que el patrono se digna hacer a un protegido, casi como a un pordiosero.

Todo eso no es más que una burda trampa que agrava la expoliación del capitalismo apoyándose en viejas costumbres que la ley no consagra preceptivamente, y que los obreros y empleados podrían desterrar fácilmente en sus pliegos de trabajo si sus organizaciones sindicales tuvieran la cohesión y extensión de que desgraciadamente carecen.

Por eso es que será necesario dictar una ley protectora, si antes no se adelanta algún gremio a su conquista, imponiéndose ésta luego por fatal generalización.

¿Qué debe imponer esa ley a dictarse?

Que el obrero y empleado no esté más obligado a fiar al patrono quince  o treinta días de su esfuerzo.

Que se considere al trabajador como dueño de su jornal desde el primer día de trabajo.

Que por lo tanto, se destierre el pago quincenal o mensual como cláusula implícita de todo contrato de trabajo, estableciéndose por el legislador un máximo al término del trabajo fiado, el que no podrá exceder de una semana de labor.

El pago semanal como término máximo por debajo del cual puede pactarse cualquier otro término, debe ser pues, impuesto de inmediato como defensa de los trabajadores contra una cláusula expoliatoria impuesta siempre por los patronos, y como una elemental defensa, por consecuencia, contra la voracidad de los comerciantes que proveen a los asalariados, cobrándoles muy caro a su vez el crédito que les otorgan para el consumo.

El proyecto que presentaremos al Parlamento estableciendo el pago semanal como término máximo del esfuerzo fiado por todos los trabajadores del país, importará el doble beneficio, pues, de suprimir el adelanto humillante y muchas veces oneroso porque lo hacen intermediarios agiotistas, a la vez que de permitir el pago al contado de los artículos de consumo, cortando así la explotación del comerciante sobre los obreros y empleados en su carácter de consumidores.

Nº 37 – 28 de Marzo de 1931”

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